Es necesario que sepas cómo regañar un gato. Esto es esencial para educarlo y enseñarle las normas básicas de convivencia. Todas las mascotas requieren disciplina pero, en el caso de los gatos, puede llegar a ser un poco más complicado. Estos animales tienen, normalmente, un temperamento algo rebelde y una personalidad muy independiente. Por lo que hay ocasiones en que, por mucho que les digas lo que hacer o no hacer, ellos simplemente te ignoren.

Los gatos aún tienen comportamientos de sus antepasados que, en la actualidad, como mascotas, no se consideran apropiados. Tienes que entender su comportamiento antes de intentar modificarlo. Pero no por esto es más difícil de enseñar que a un perro, simplemente tienes que tener paciencia y seguir los consejos que te proporcionamos en este artículo.

Antes de regañar a un gato

Antes de empezar a regañarlo, tienes que entender por qué se comporta de esa forma. Los gatos tienen un carácter especial. Tienen un espíritu libre, a veces salvaje y son bastante independientes. Por eso nunca podremos llegar a compararlos con los perros.

El instinto felino puede llevarles a hacer cosas que tú consideres destructivas, pero para ellos es un comportamiento totalmente normal. Tienes que entender que esas costumbres un poco salvajes no van a desaparecer de su organismo, simplemente hay que aceptarlas y educarles todo lo posible. Con esto no queremos decir que tu gato vaya a ser un ser destructivo, ni mucho menos. Los gatos conviven en perfecta armonía con los humanos, sobretodo cuando se les ha enseñado.

Lo importante aquí es que tengas paciencia, ya que puede que te lleve más tiempo educar a un gato que a cualquier otro animal de compañía. Pero es imprescindible que entiendas que regañar no es maltratar ni lastimar. La violencia es intolerable y para enseñar las normas de convivencia básicas a tu animal no es necesario en ningún momento recurrir a la violencia o a los ataques físicos.

¿Cómo regañar un gato?

Instrucciones para regañar un gato

Antes de regañar a tu gato, mejor enséñale. Hay algunas conductas de estos animales que pueden sacarnos de quicio. Pero antes de reñirles, muéstrales una solución.

  1. Una de estas conductas suele ser que arañan o destruyen los muebles que encuentran a su paso. Esto tiene una sencilla explicación y es que lo hacen para limar sus uñas. Este ejercicio es algo que les relaja y les encanta. Por eso, antes de que tu gato se ponga a arañar las patas de tu cama, de tus sillas o de tus mesas, dale algo. Puedes encontrar rascadores en tiendas de animales o supermercados. Esto hará que tu animal no necesite descargar su estrés con tus muebles.
  2. Si tu gato te muerde o ataca tus manos es porque ha aprendido que son sus presas. Si desde pequeño jugaste con él a los mordisquitos ha aprendido de ti que debe atacar tus manos. No le regañes por esta conducta ya que eres tú mismo quien se la ha enseñado. Simplemente debes corregirla.

Es hora de aprender como regañar a tu gato. Ya verás que es más fácil de lo que piensas.

  1. Una de las cosas más importantes a la hora de corregir la conducta de tu mascota es reñirla en el momento adecuado. Esto es, justo cuando se está produciendo la acción indeseada. Si intentas regañar a tu felino después de que haya hecho algo malo, éste no lo entenderá y no riña no servirá de nada. Por ejemplo, si acabas de llegar a tu casa y ves que tu gato te ha destrozado un cojín, no va a surtir ningún efecto que le eches la bronca. Es mejor esperar a pillarle haciendo algo malo y enseñarle a no hacerlo justo en ese momento. Si tan solo le riñes dos minutos después, no entenderá por qué le estás regañando.
  2. Si ya tienes bien claro que el momento propicio para enseñarle es cuando está cometiendo una fechoría, ahora hay que saber qué hacer. No va a servir de nada que le des voces, que gesticules o que te alteres. Tu gato probablemente no entienda nada y habrás desperdiciado una oportunidad de enseñarle a comportarse bien. Lo que es efectivo a la hora de mostrar que una conducta no debe ser realizada es decir simplemente la palabra NO. Tienes que decirlo con firmeza y seguridad, sin gritar, pero no en voz baja. Para hacerlo de forma apropiada, acércate a él despacio (no queremos que huya asustado) pon tus manos suavemente en su cuello y agáchale la cabeza. En ningún momento debes hacer mucha presión ni hacerle daño. Mientras le bajas la cabeza, es el momento de que digas ¡NO! y, seguidamente, déjalo irse. Es muy importante que no le hagas daño. La técnica de tocarle el cuello y bajarle la cabeza simplemente es una acción para marcarlo. Repite esta acción cuantas veces sea necesario hasta que no vuelva a realizar esa conducta. Es un proceso muy eficaz, pero tardan en aparecer los resultados.
  3. Un truco para situaciones extremas, como una pelea con otra mascota o para alejar a tu gato de alguna zona peligrosa es usar un spray con agua. Tenlo preparado para cuando ocurran este tipo de cosas. Es de todos sabido que a estos animales no es que les guste mucho el agua. Obviamente, la toleran y algunos incluso se bañan sin ningún problema. Cuando tu gato esté en el balcón y haya riesgo de caída o se esté peleando o no quieres que entre nunca en alguna habitación, usa el spray. Al principio se asustará y huirá del lugar. Cuando hayas repetido esta acción en varias ocasiones, empezará a asociar el lugar de la casa donde le rocías con agua con algo que no se debe hacer. El disparo de agua será más efectivo si le das justo en el momento en el que está en ese sitio. Y si es en la cara y rápido, esto también influirá en que aprenda más rápido lo que le intentas enseñar. Echar agua en su rostro no le hará ningún daño, pero para evitar cualquier inconveniente, escoge un pulverizador que no tenga mucha presión.

Como puedes ver, es simple entrenar a tu gato. Lo principal es que le des mucho cariño y que tengas paciencia con él. Esperamos que este artículo les haya servido de gran ayuda.

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