Nuestros amigos de cuatro patas,  nos acompañan como mascotas y animales de trabajo desde hace más de diez mil años. Se han adaptado a nosotros (y nosotros a ellos) de una forma tal, que resulta casi imposible imaginar la vida sin su compañía y sin la utilidad de su labor. Y es que los perros nos llegan a amar incondicionalmente, aun cuando alguna vez los humanos no lo merezcan o no los traten de la mejor manera, o incluso les abandonen a su suerte.

Motivos para cambiar el nombre a un perro.

En ocasiones un perro debe cambiar de hogar y no precisamente porque se le abandone. Tal vez su dueño o dueña enferme y no sea capaz de cuidarle debidamente, o un cambio de residencia a lugares donde no se permiten mascotas obligue a darlo en adopción. Si lo hemos educado bien y es un animal simpático (a lo cual deberemos haber contribuido nosotros con mucho cariño) con seguridad le irá bien en su nueva familia y será acogido de maravillas, tal y como es. Pero también sus nuevos dueños pueden querer una “pequeña” modificación: cambiar el nombre del perro (puede que hayamos sido demasiado creativos en esto) y ponerle uno nuevo.

nombre de perro¿Cambiarle el nombre? ¿Para qué?

Lo ideal sería que conservara su nombre (sobre todo para mayor comodidad nuestra o si el perro es demasiado viejo). Para los perros, a diferencia de nosotros los humanos, el nombre es simple y llanamente un sonido que usamos para identificarlos, llamarlos, ordenarles que hagan algo y, sobre todo, para darles comida. Es realmente más importante para nosotros que para ellos, porque no comprenden el significado de las palabras, sino que aprenden a relacionar el sonido de estas con lo que nosotros mismos hagamos hincapié en que asimilen.

O sea que mientras para los humanos cambiar de nombre puede tener significados simbólicos, filosóficos y toda una serie de conceptos con los cuales nos complicamos la vida a diario, para ellos esto es tan sencillo como que desde mañana el steak de jamón se llame de otra forma. Como lo llames seguirá siendo lo mismo: algo delicioso, que tiene los mismos ingredientes, sabe y huele a lo mismo. Vale, es un ejemplo extraño, pero sirve para entender.

En las primeras etapas de la vida de los perros, el nombre significa básicamente “toma, tu comida”. Y para ellos da lo mismo que les llamemos Napoleón o Bolita, porque, repetimos, no saben qué significa para nosotros esas palabras. Lo que sí saben es que cuando las pronunciamos les daremos de comer. Nos prestarán toda la atención del mundo cuando emitamos ese sonido.

Reflejo condicionado (o condicional)

Sí, así se llama científicamente esta acción tan aparentemente cotidiana y sin importancia. En palabras serias, no es más que la reacción natural a un estímulo no natural o que no debiera provocar dicha reacción.

Fue el científico ruso Iván Pávlov quien lo descubrió, haciendo experimentos con perros (en los que ninguno sufrió daños), allá por el año 1901. Pávlov hacía sonar un metrónomo mientras alimentaba a los perros, y descubrió que después de un tiempo repitiendo esa rutina, cuando sonaba el metrónomo sin que les diera alimento, la respuesta biológica de los perros era idéntica: se excitaban y producían la misma cantidad de saliva que cuando estaban en presencia de comida.

Esto sólo podía significar una cosa: los perros, con la repetición, aprendieron a relacionar el sonido del metrónomo con la comida y ya no necesitaban estar en presencia de esta para reaccionar. Sabían que una cosa acompañaba a la otra.

La repetición constante es fundamental.

Este descubrimiento revolucionó el mundo de la psicología y la fisiología, cosa que por lo pronto, aunque haya sido muy importante (y algún catedrático se desmaye si lo decimos), nosotros dejaremos de lado. Concentrémonos en los perros y sus nombres. Cuando son cachorros lo que hacemos es precisamente eso: llamarles por el nombre que hemos elegido mientras agitamos ante sus pequeños hocicos un bocado suculento.

Las primeras veces apenas nos harán caso a nosotros (a la comida sin dudas no la ignorarán), pero con la repetición constante los cachorros aprenden que ese sonido, su nombre, significa que recibirán comida, o cariño, o ambas cosas. Y nunca lo olvidarán mientras no dejemos de llamarlos con ese sonido en particular.

Cambiar nombre perros¿Y cómo se lo cambiamos?

Una vez nos hayamos familiarizado con el animal y ganado su confianza, seguiremos estos pasos.

Instrucciones para cambiar el nombre a un perro

  1. Lo primero, aunque no imprescindible, sería mucho más fácil si el nuevo nombre tiene un sonido parecido al anterior.
  2. Lo segundo que necesitamos es paciencia, mayor dosis mientras más edad tenga el perro, ya que no es fácil borrar de un soplo varios años de costumbre.
  3. Lo tercero y más importante, alguna golosina sabrosa. Y manos a la obra.

Básicamente iremos haciendo que el perro relacione la golosina con el nombre que le intentamos poner. Nos acercaremos, le llamaremos por el nuevo nombre y acto seguido le daremos un pedazo pequeñito de la golosina, o incluso a veces basta que la huela un poco y lo dejemos con ganas.

No importa si al principio apenas reacciona con el nuevo nombre (es que aún no sabe que es el suyo). Repetiremos la acción con mucha paciencia y la mayor cantidad de veces posible sin llegar a atiborrarlo demasiado.  A medida que vayamos repitiendo la acción de darle comida nos iremos alejando poco a poco, así el perro comprenderá que el sonido y la comida vienen juntos y que si se acerca a nosotros tendrá un premio.

Dedicarle tiempo es la clave para cambiarle el nombre a los perros.

La tarea se completará del todo con el transcurso de los días, a medida que vayamos usando más su nuevo nombre para darle comida o afecto. Es importante aclarar que no todos los perros reaccionan igual, y que unos pueden demorar más en aprender mientras otros lo logran muy rápido. Pero con la paciencia y constancia debidas, sin duda tendremos éxito.

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